Lo que una madre encuentra en el congelador del trabajo la lleva a una decisión difícil.

EE. UU. – La estadounidense Brontë sintió un fuerte latido del corazón cuando una colega le recordó que en el congelador de su lugar de trabajo todavía quedaba (propiedad física) suya: la madre de una niña de dos años había congelado leche materna que había extraído durante la lactancia. Al ser la última bolsa de leche materna, Brontë le costó decidir qué hacer con ella. Por suerte, su hija le quitó la decisión de un plumazo.

La hija Zelly (2) se devoró el último suministro de leche materna de un golpe, como un helado de palito.
La hija Zelly (2) se devoró el último suministro de leche materna de un golpe, como un helado de palito.  © Bildmontage/Screenshot/Instagram/zellyandb

El último suministro de leche materna significó para la estadounidense mucho más de lo que había pensado: “Sabía que estaba allí, pero si estuviera en el trabajo, sabría que no la usaríamos. Suena raro, pero creo que aún no estaba lista para deshacerme del último biberón”, cuenta a PEOPLE.

Al llegar a casa, Brontë sacó el saco de leche materna congelada frente a los ojos de su hija Zelly, que de inmediato se volvió hacia su mamá: “Se puso su manita sobre el pecho y dijo: ‘Mía, mamá. Mi bocado. ¡Mía!’”. Brontë añadió que la niña de dos años ahora llama “bocado” a los palitos de helado.

“Dudé un momento, pero lo hice por ella, así que abrí el saco y se lo di”, continuó la madre. En un video se puede ver lo que sucedió después:

Zelly se acomodó en el sofá y empezó a mordisquear la leche materna congelada. El clip se volvió viral rápidamente. “Así no me imaginaba usar el último saco de leche materna”, se lee en la publicación de Instagram.

Niña (2) se come la última reserva de leche materna

La madre Brontë vive con su familia en los EE. UU.
La madre Brontë vive con su familia en los EE. UU.  © Bildmontage/Screenshot/Instagram/zellyandb

En el pasado, ella aceptaba con reticencia el secreción blanquecina‑amarillenta de las glándulas mamarias en forma de helado. “Justo antes de que empezáramos la alimentación complementaria, le di leche congelada para que se acostumbrara a las distintas temperaturas y consistencias, pero eso ya fue hace mucho tiempo”, recuerda Brontë.

Honestamente, la estadounidense no sabe qué habría ocurrido con la última leche materna si su hija no hubiera decidido el destino del saco. Ya había convertido esa secreción en una joya conmemorativa y la utilizaba como aditivo de baño para el cuidado de la piel. “Era mi saco de leche emocional”, admite.

La madre recuerda la lactancia con mucho cariño. La describe como una “experiencia increíble”, después de haber pasado dos años bajo tratamiento para cumplir su deseo de ser madre .

Lo que sí ha aprendido desde el nacimiento de su hija: “La maternidad es una transición tan compleja. Muchos capítulos se cierran de forma silenciosa, pero dejan huellas profundas. Quiero decirles a todas las madres que lo están haciendo de manera magnífica”.