¡Un gesto amable termina en la cárcel! Un británico ayuda a niños y es arrestado.

Marrakech (Marruecos) - Un gesto amable termina en prisión: Después de que un británico filmara cómo hacía feliz a los niños, fue detenido.

Sam Rushton (20) estaba de vacaciones en Marrakech con su hermano cuando fue arrestado.   © Instagram/samuel.rushton

A principios de marzo, el británico de 20 años Sam Rushton estaba de vacaciones en Marrakech, Marruecos, con su hermano. Mientras paseaba por las calles, vio a dos adolescentes de 15 años que pedían dinero, como informa el Daily Mail.

Sam, que trabajaba como cuidador, entabló conversación con los chicos y al final les preguntó si quería comprarles algo en una tienda. Uno eligió leche en polvo y el otro aceite de cocina.

La madre del que ayudó explicó: “Ese encuentro debió haberle rondado la cabeza todo el día, porque más tarde me llamó y dijo: ‘Mamá, ¿qué adolescentes de 15 años eligen leche en polvo y aceite de cocina?’”

El británico decidió lanzar una pequeña campaña de donaciones a través de Social Media para conseguir más artículos necesarios para los niños que estaban en la calle.

Como se recaudó una cantidad considerable de dinero, Sam optó por grabarse mientras compraba y repartía los objetos, ya que no quería que nadie pensara que lo hacía por diversión propia.

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Ansiedad de todo el día por el encarcelado

Aún cuatro días antes de su arresto, Sam posó feliz frente a una piscina.   © Instagram/samuel.rushton

En el vídeo se veía cómo un niño ayudaba a cargar. Se compraron numerosas necesidades, entre ellas alimentos básicos y artículos para bebé.

Sin embargo, la alegría de Sam y los niños no duró mucho. “La policía lo sorprendió mientras repartía los objetos y se grababa, y lo detuvo”, explicó la madre. Se le acusó de avergonzar al país y de filmar a los niños sin su consentimiento.

“Lo mantuvieron bajo custodia durante varias horas esa noche, fue un jueves por la tarde. Sam dijo que lo llevaron a tres comisarías diferentes”, continuó la información.

Las autoridades le confiscaron al joven de 20 años su pasaporte y su móvil. Apenas podía comunicarse, ya que había muchas barreras lingüísticas.

El cuidador tuvo que rendir cuentas ante un juez marroquí. La madre de Sam, que no puede trabajar por enfermedad, intentó recaudar la mayor cantidad posible de dinero mediante una campaña de donación para cubrir hoteles, vuelos y gastos legales.

Por suerte, el británico pudo ser devuelto a su tierra natal, Ashton‑under‑Lyne, y la familia puso fin al doloroso periodo de incertidumbre.